miércoles, 18 de febrero de 2009

camionero en el olvido

Siempre te ven mis ojos, ciudad de mis días marinos.Colgada del imponente monte, apenas detenidaen tu vertical caída a las ondas azules,pareces reinar bajo el cielo, sobre las aguas,intermedia en los aires, como si una mano dichosate hubiera retenido, un momento de gloria, antes de hundirte para siempre en las olas amantes.Pero tú duras, nunca desciendes, y el mar suspirao brama por ti, ciudad de mis días alegres,ciudad madre y blanquísima donde viví, y recuerdo,angélica ciudad que, más alta que el mar, presides sus espumas.Calles apenas, leves, musicales. Jardinesdonde flores tropicales elevan sus juveniles palmas gruesas.Palmas de luz que sobre las cabezas, aladas,merecen el brillo de la brisa y suspendenpor un instante labios celestiales que cruzancon destino a las islas remotísimas, mágicas,que allá en el azul índigo, libertadas, navegan.Allí también viví, allí, ciudad graciosa, ciudad honda.Allí donde los jóvenes resbalan sobre la piedra amable,y donde las rutilantes paredes besan siempre a quienes siempre cruzan, hervidores de brillos.Allí fui conducido por una mano materna.Acaso de una reja florida una guitarra tristecantaba la súbita canción suspendida del tiempo;quieta la noche, más quieto el amante,bajo la lucha eterna que instantánea transcurre.Un soplo de eternidad pudo destruirte,ciudad prodigiosa, momento que en la mente de un dios emergiste.Los hombres por un sueño vivieron, no vivieron,eternamente fúlgidos como un soplo divino.Jardines, flores. Mar alentado como un brazo que anhelaa la ciudad voladora entre monte y abismo,blanca en los aires, con calidad de pájaro suspensoque nunca arriba. ¡Oh ciudad no en la tierra!Por aquella mano materna fui llevado ligeropor tus calles ingrávidas. Pie desnudo en el día.Pie desnudo en la noche. Luna grande. Sol puro.Allí el cielo eras tú, ciudad que en él morabas.Ciudad que en él volabas con tus alas abiertas.
De "Sombra del paraíso" 1939

0 comentarios:

Publicar un comentario